![]() |
La plaza Tahrir se convirtió en el símbolo de la revolución egipcia. |
La lectura del apoyo occidental a las actuales revoluciones árabes es bien claro: cuando los cambios llegan y resultan imparables, hay que tratar de encabezarlos para así ponerlos así bajo control. Así ocurrió en Túnez, cuando el pueblo trató de derribar al tirano Ben Alí, fiel esbirro de Occidente y especialmente de Francia, sin cuyo apoyo jamás hubiera durado mucho tiempo; así ocurrió también con Hosni Mubarak, justo representante de la sumisión de las élites árabes a los intereses estratégicos norteamericanos y sobre todo de Israel. Como prueba de ello, el abandono y aislamiento por su gobierno de los palestinos de Gaza y el cumplimiento fiel de los tratados de paz con el estado judío. Los mismos que no hace mucho tildaban al Egipto de Mubarak como un régimen moderado árabe, llegado el momento lo han denigrado como un brutal dictador. Y así ocurrió también con el otro perdedor de las primaveras árabes, el régimen de M. Gadafi, antaño enemigo visceral de Occidente y que en los últimos años se había convertido en un buen aliado en la zona frente a la expansión creciente del islamismo político.
En todo caso, Occidente sabía de los riesgos asociados a las recientes revoluciones árabes, si a pesar de todo las apoyó es porque no le quedaba otro remedio. Era evidente el riesgo de que el vacío político generado lo ocupara el islamismo político. Más allá de grupúsculos liberales sin base social alguna, tan solo los islamistas ofrecen una alternativa viable y unas organizaciones suficientemente enraizadas en la sociedad. Esto ya se evidenció en Argelia cuando en los años 90 el proceso de democratización derivó en la victoria de los islamistas del FIS y más tarde en el golpe de estado y la guerra civil subsiguiente.
Y los temores de muchos se han cumplido en buena parte. El islamismo moderado ha llegado al poder: En Nahda en Túnez o los Hermanos Musulmanes en Egipto. Su influencia en Libia es creciente, aunque no hayan vencido en las elecciones. La democracia en el mundo árabe, como era previsible, conduce a una reislamización, aunque sea moderada, y también a un escenario de creciente inestabilidad política, aunque sea a corto plazo.
![]() |
Bashar Al Asad, presidente de Siria y líder del partido Baas, no cede ante la presión de la oposición. |
![]() |
Rebeldes sirios. Armados por Occidente y las monarquias del Golfo Pérsico. |
Sin embargo, sobre esta disputa existe otra batalla geoestratégica de carácter más local, me refiero a una lucha sin cuartel por el control regional de la región del Golfo Pérsico entre siies y sunníes, en otras palabras, Irán frente a Arabia saudí. Lo que está claro es que la destrucción del Baas puede aislar a Hezbollah y a Irán y favorecer a Israel a corto plazo, pero es casi seguro que terminará llevando a los islamistas sunníes de los Hermanos Musulmanes al poder en Siria, aumentando la presencia también de los radicales de Al Qaeda en el país. En este sentido y a medio plazo, los intereses occidentales e israelíes se pueden ver muy afectados.
Europa está jugando con fuego cuando apoya tan decidamente a los rebeldes sirios. Y es que el que juega con fuego se quema. Alguien debería recordar que fue el estado israelí el que apoyó en sus inicios a los islamistas palestinos de Hamas -hoy sus grandes enemigos- para mermar la influencia de Al Fata y su líder Arafat. No olvidemos tampoco que en los años 80 Estados Unidos armó a Ben Laden para luchar contra los soviéticos en Afganistán y que más tarde apoyó a los talibanes afganos para contrarrestar la influencia de los señores de la guerra en el país asiático. Posteriormente, ambos se convirtieron en sus máximos enemigos. Cría cuervos y te secarán los ojos.
Europa está jugando con fuego cuando apoya tan decidamente a los rebeldes sirios. Y es que el que juega con fuego se quema. Alguien debería recordar que fue el estado israelí el que apoyó en sus inicios a los islamistas palestinos de Hamas -hoy sus grandes enemigos- para mermar la influencia de Al Fata y su líder Arafat. No olvidemos tampoco que en los años 80 Estados Unidos armó a Ben Laden para luchar contra los soviéticos en Afganistán y que más tarde apoyó a los talibanes afganos para contrarrestar la influencia de los señores de la guerra en el país asiático. Posteriormente, ambos se convirtieron en sus máximos enemigos. Cría cuervos y te secarán los ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario