"Cuando doy comida a los pobres me llaman santo, cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista". Dom Helder Cámara. Obispo brasileño.

lunes, 13 de agosto de 2012

Educación pública y conciencia de clase




El otro día estaba en un cumpleaños de un amiguito de mi niña. Charlando amistosamente con un padre nos lanzamos a un intenso debate político. Al interlocutor le gustaba Esperanza Aguirre, sus dotes de gobernantes, su seguridad y carácter. Era, sin embargo, un trabajador normal y corriente, de los de toda la vida. Decía no soportar al insipido Tomás Gómez y al resto de los socialistas madrileños. Puestos a "zumbarles", buscó el lenguaje sencillo de las contradicciones ajenas. Quiso entonces recordar el ya añejo video del PSOE sobre educación pública y aseguró: "No tienen credibilidad aquellos que mandan a sus hijos a colegios privados de élite y después defienden la educación pública". Hacía así referencia a la actitud de muchos dirigentes socialistas en una época marcada por las luchas, en Madrid y en toda España, en defensa de la educación pública frente a los ataques declarados del gobierno de Esperanza Aguirre y de un gobierno central obcecado en los ajustes. Sin embargo, se equivocaba: es una contradicción, pero solo hasta cierto punto. Esos dirigentes socialistas son personas con medios, con frecuencia sus padres también los tuvieron, por eso algunos de esos líderes fueron a colegios privados y ahora llevan también a sus hijos a dichos centros educativos. Sencillamente se lo pueden permitir. Hacen lo que harían, no todos, pero si la mayoría. Pero además de buscar lo mejor para sus hijos, defienden que los que no pueden hacer eso mísmo por carecer de recursos, puedan tener algunas, que no las mismas, opciones y poder disfrutar de una educación pública de calidad y con medios. Puede que no sean coherentes, pero si solidarios.


  


El caso de Esperanza Aguirre y los suyos es otro bien distinto, ella se educó en colegios de élite bilingües y ahora hace otro tanto con sus hijos, pero además no tiene ningún respeto ni aprecio por lo público y como buena liberal desprecia desde lo más íntimo de su ser la capacidad de gasto e intervención del Estado, es decir, aboga por negar el pan y la sal a la educación pública, que no es la de todos, es la de los más débiles. Es evidente que no hay ninguna contradicción en tal comportamiento, por el contrario, es pura coherencia, una maldita y despiadada coherencia. Como esa educación no es la mía, la abandono, y con ello dejó lastradas las opciones de las capas más bajas de la población. En otras palabras, gastar dinero en educar a los esclavos, es tirar el dinero, porque los esclavos no necesitan formación para ser esclavos.






Que un obrero, que lleva a sus hijos a un colegio publico, no perciba esta diferencia o peor aún no vea el lado menos malo, que no bueno, explica mucho de la actualidad, incluidas terribles mayorías absolutas que hoy nos golpean. El PSOE de Felipe González creó los conciertos en 1985, eso es algo indiscutible, como lo es también el apoyo decidido de lso socialistas a la consolidación de la educación concertada y la privada, pero no es menos cierto que, en general, la educación pública goza de más recursos y medios allí donde ellos gobiernan. Es evidente, especialmente hoy en época de crisis, que el PP ha optado por el modelo anglosajón de una educación pública para pobres y minorías, de baja calidad, que eternice a éstos en su condición de mano de obra barata. También es cierto que Esperanza Aguirre tiene el apoyo de muchos miembros de las clases a las que en silencio, en la intimidad, seguro que desprecia, y lo tiene porque es magistral en el uso de cortinas de humo y porque esos padres obreros, como el mencionado, no se hacen las preguntas adecuadas. A dicho padre no le debería importar donde lleva Tomas Gómez y otros dirigentes socialistas a sus hijos, sino donde los llevas él. Los suyos están en la educación pública. Quien más la defienda y la dote de  medios está de su lado, le favorecerá a él y dará más opciones a sus hijas. Y es que hay gentes que tienen un problema, no se hacen las preguntas adecuadas porque carecen de algo que  hoy resulta aparentemente anacrónico, no tienen conciencia de clase. O quizás al revés, porque no tienen conciencia de clase no se hacen las preguntas adecuadas.
Cuando un simple obrero cree que sus intereses son los mismos que los de Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa de Murillo y Grande de España, es que no se entera absolutamente de nada. Miembro inicial del Club Liberal de Madrid, discipula de Pedro Swartz, fundador de la Union LIberal, Esperanza Aguirre pertenece a otro mundo y defiende otro mundo. Hay gente que definitivamente no se entera de nada, quizás por ello se merezcan el negro futuro que les espera.

miércoles, 13 de junio de 2012

LA DIFÍCIL SALIDA A LA CRISIS


Detrás de la gestión como ministro y como gestor de Bankia de hombres
 como Rato, están las bases de la crisis.

La dinámica en la que vivimos es abrumadora. Los gobiernos actúan, pero al dictado de órdenes ajenas. El ministro de turno ejecuta, el parlamento legisla, pero detrás unos poderes reales -ya no en la sombra- mueven los hilos con absoluta impunidad. Los mercados -formados por legiones de especuladores- presionan, las instituciones europeas -es decir Alemania- recomiendan y enmiendan, la patronal - ahora empleadores- exige. Todos esos "no poderes" gritan sus verdades con descaro. Y los políticos se limitan a ponerlas en práctica, especialmente los que hoy gobiernan -léase el P.P.-, que lo hacen además de buen grado. Los gobernantes actuales nos han convencido  con perversa maestría de que la crisis es consecuencia de la mala gestión y el despilfarro de los socialistas: es el mal gobierno, el descontrol del déficit del "semidelincuente" Zapatero el que nos ha llevado a donde estamos. Y en tal valoración está el principio y la clave de su impunidad, de la impunidad con que están actuando para destruir el estado de bienestar, o más bien la reducción drástica del peso del Estado en la economía y la sociedad española. Han conseguido convencer a grandes capas de la población de que la crisis es producto de los malos gestores y que los mercados se ceban sobre nuestro país por esa supuesta mala gestión, la que además ha obligado a Europa a  rescatar nuestro sistema financiero. Olvidan que la hecatombe de nuestro sistema financiero está en su exposición a la burbuja inmobiliaria y que su detonante ha sido la ruina de Bankia, producto de una fusión suicida de las cajas con más activos tóxicos inmobiliarias, promovida por las comunidades dirigidas por el PP, leáse Valencia y Madrid. Olvidan y nos hacen olvidar que la crisis es producto del hundimiento y estallido de la burbuja inmobiliaria, del hundimiento de la economía basada en "el ladrillo" - creación del propio Rato, el mismo que hasta hace poco dirigía ese monstruo llamado Bankia- y del consiguiente hundimiento de los ingresos del global de las instituciones públicas, lo que ha provocado un desfase rápido y dramático entre los ingresos y los gastos existentes. Olvidan que la crisis es también producto de la desregulación del sistema financiero, de la especulación sin medida, que el PP cuando estaba en el gobierno defendió hasta la estenuación. En fin, fue el neoliberalismo y la especulación con mayúscula, base del modelo económico asentado por el gobierno de Aznar-el PSOE fue responsable de no intentar variar la dirección trazada-, lo que nos condujo a la crisis, no el excesivo déficit o los supuestos gastos desorbitados del Estado. Se creó una economía de mentira convertida en una burbuja que nos ha estallado en la cara. Y el problema es que las burbujas no desaparecen poco a poco, si no que pasan del todo a la nada en un instante.


La siguiente barbaridad es la solución que han encontrado los nuevos "popes" del liberalismo. Ya que el problema es el déficit publico y el escesivo gasto del Estado, eso aseguran nuestros gobernantes, resulta que la solución está en reducir a su mínima expresión tanto el Estado como su capacidad de gastar. Y si el paro es brutal, es consecuencia también de las leyes laborales vigentes, no de la crisis, por lo que con una nueva legislación se soluciona el problema. Olvidan de nuevo demasiadas cuestiones que deberían de tener en cuenta: no habrá consumo sino hay estímulos al crecimiento, y esos estímulos al crecimiento en época de crisis solo los puede realizar el Estado. Si no hay consumo no puede haber crecimiento de la economía y por ende sin éste no puede haber crecimiento del empleo. Una lógica aplastante que ya nos enseñó la crisis de los años treinta. Pero claro, los neoliberales y/o conservadores, o como se les quiera llamar, no soportan esa lógica, porque supone dar al Estado un papel central en nuestras vidas y en las de las sociedades europeas. La reforma laboral en sí mismo no sirve para nada -salvo para merendarse un siglo de lucha obrera-  sino se relanza la economía. Eso es obvio, y hasta los mismos que han parido dicha reforma lo empiezan a reconocer. Vamos en la dirección opuesta al sentido común.

Angela  Merkel representa la obsesión de Alemania por los ajustes y el
control del déficit.

Algunos esgrimen que Alemania ya hizo esas reformas hace años, y pasó del estancamiento al crecimiento  y el progreso, aumentando su competitividad. Pero España y el sur de Europa no es Alemania, ni el contexto económíco de entonces es el de ahora. Alemania hizo sus reformas, sobre la base de una economía industrial de vocación exportadora y con altos niveles de competitividad, que además en ese momento estaba rodeada de países en bonanza que podían comprar sus productos. La Europa del sur no ha sido nunca un ejemplo de competitividad y por tanto no ha desarrollado economías exportadoras,  sino basadas en un consumo interno que ahora, en plena crisis, se ha hundido, y para colmo, estamos en un contexto marcado por una crisis mundial que está ralentizando hasta la economía china. En ese contexto solo el Estado puede hacer de locomotora, gastando e invirtiendo -aunque sea con comedimiento- para arrastrar  una economía deprimida, y solo cuando ésta esté en plena marcha puede y debe apartarse para dejar al ámbito privado desarrollarse. Es como cuando en un final de etapa de una carrera ciclista determinados corredores disparan el pelotón para colocar a sus esprinter, y en el último momento se dejan caer y se apartan, cumplida ya su labor. Lo que no se puede hacer y resulta una locura, es en medio de una economía exhausta, marginar al Estado en aras del sacrosanto control del déficit público. Entre otras cosas porque los mercados, absolutamente esquizofrénicos, se empeñan en castigar la falta de control del déficit, pero a la vez no perdonan el escaso crecimiento económico. Por eso no se calman, aunque les ofrezcamos déficit reducidos, desconfiarán siempre de economías que no muestren síntomas claros de crecimiento y en países como Grecia y España, si el Estado no gasta el crecimiento y la salida de la crisis se antoja difícil. Lo que no sé es como los actuales gobernantes, sabiendo esto, duermen tranquilos...



miércoles, 25 de enero de 2012

"Ni banqueros, ni políticos": La decadencia del movimiento 15M

Acampada y manifestación del 15M en la plaza del Sol de Madrid

El movimiento 15M se desinfla después de cada proceso electoral. No resiste el paso del tiempo, como si fuera una bandera endeble en medio de un vendaval. Son un movimiento de globos y blogueros, hijos predilectos de la sociedad superficial del momento, "revolucionarios cortacalles" -se les da de lujo hacer manifestaciones sorpresas y fastidiar el tráfico- que se enfrentan a policías con órdenes de no hacer "pupa". Porque su crítica es feroz a todo aquello que después la soberanía nacional termina apoyando, por eso pierden legitimidad con cada proceso electoral. Ayudan al desgaste de la izquierda -aunque es indudable que ésta se lo merece- y ponen en bandeja el poder en manos de los que más defienden lo que ellos rechazan. No entienden de matices y piden la abstención, "porque todos son iguales" afirman, pero además tampoco crean una organización ni la dotan de un programa, un contenido y mucho menos una ideología. Su ideología es la asamblea y el debate, las palabras mágicas de aquellos que no tiene ni repajoleja idea de como afrontar el futuro, del que confunde el procedimiento con el contenido. Y así la alternativa no existe. Para colmo se marcan objetivos desmesurados, ¡quieren refundar el capitalismo!, e incluso el propio sistema democrático. Al menos eso se deduce de sus mensajes preferidos: "Ni banqueros, ni políticos " o "Democracia real, ya". Objetivos elevados y exigentes, ninguna alternativa. Resultado de tal conjunción, el que vemos: se desinflan por momentos. Con populismo barato y "progre" no se cambia el mundo y mucho menos al capitalismo.
Nadie escapa a la crítica
No aceptan el "mundo cruel" que les ha tocado vivir y entre cervecita y cervecita hacen la revolución, que ni siquiera llaman así, porque odian todo lo que huele a pasado como rancio. Los partidos están podridos, las elecciones son de mentira, los banqueros nos roban, los políticos son todos malos, los sindicatos unos vendidos... Los puños en alto ni aparecen, manitas que se mueve y globitos, muchos globitos de colores. Rechazo de líderes y liderazgos, porque van de puristas y de asamblearios naturales. "Si tuvieramos líderes y jerarquías seríamos como los que criticamos", en fin una suerte de "anarquismo" pero sin la carga ideológica de éste. Y a todo esto añadirle unas grandes dosis de redes sociales,  muchas redes sociales, de esas de pocas palabras, de carácteres limitados, porque leer cuesta mucho. Y al volver a la vida normal, mucha tele y mucha gran superficie. Y es que no dejan de ser ciudadanos como los demás, que no se engañen y no nos engañen. Y después el rollo recurrente de la ley electoral, como si su reforma solucionara de un plumazo todos los problemas de representatividad, como si cambiar la ley electoral supusiera la clave de la transformación del sistema político.

Manos alzadas abiertas, uno de los símbolos del 15M
Leía el otro día una pintada "quincemera"  bien chula en la puerta del colegio de mi hija: ¿Papá, verdad que a los ricos les da igual quien gane las elecciones? "En la boca de los niños está la verdad" dice el refrán. Es indudable que la pregunta acierta en el análisis de la realidad. Sin embargo hagamos la pregunta de otra manera: ¿Les da igual a los pobres, a los desvalidos?
Con los años he aprendido que los matices cuentan y son importantes, y no es lo mismo realizar la pregunta en un sentido o el otro. Es una cuestión de grado: Si son todos exactamente iguales, porqué unos profundizan en los derechos de los homoxesuales o las mujeres que quieren abortar, porqué unos potencian más -solo ligeramente- la educación y los servicios públicos, y otros nos dirigen sin tapujos y de buen grado hacia las fauces de los mercados. Para los ricos da igual, ambas opciones protegen sus intereses, para los pobres no tanto, las migajas del sistema no son las mismas. Con unos caen más, con otros menos.
Y en estas llegan "cuatro blogueros analfabetos" y quieren refundar entre cervecita y cervecita el sistema, despreciando todos los procedimientos y formas de lucha, rechazadas por caducas y corruptas. No les parten la espalda a "ostias" porque como diría mi madre "pintan bien la cigüeña", y porque el poder -ducho en estas batallitas- sabía que solo tenía que esperar a que el movimiento se desinflara. La violencia solo les habría alimentado.
El movimiento del 15M, carente de ideología y de alternativas, se asemeja más a los viejos motines de subsistencia del Antiguo Régimen que a las formas de lucha organizadas y mucho más efectivas que surgieron con la contemporaneidad y la revolución industrial. Pero a diferencia de los motines de antaño, carecen de la violencia de éstos y son pacíficos, aunque su recorrido en el tiempo igualmente resulta escaso, por su falta de soporte ideológico y organizativo. Ni unos ni otros fueron ni serán nunca un desafío al poder vigente.

Cartel del movimiento 15M
Y entre tanto desatino y superficialidad "pancartas de auténtico premio nobel" como la que versaba: "Ni banqueros, ni políticos". Pero de que va esta gente. Ni capitalismo económico, ni democracia política, es decir, me cargo dos siglos de evolución humana, pero sin ofrecer alternativas y huyendo de cualquier cobertura ideológica existente o no. ¡Con dos narices! ¿Y  consiguen  algo de esta manera? La respuesta es  sí. Han conseguido que en vez de banqueros especulando y políticos malgobernando, haya un banquero-político dirigiendo nada menos que el ministerio de economía. Y es que el señor Luis de Guindos fue ejecutivo importante de Lehman Brothers en Europa, uno de esos bancos que nos llevaron a la crisis con su irresponsabilidad manifiesta y que luego quebraron. Un viejo especulador es el encargado de sacarnos de la crisis, le damos al zorro el cuidado del gallinero. Tanta abstención para conseguir altas dosis de lo que no queríamos ,"No querias te, pues toma tres tazas". Y además recortes y más recortes...
Objetivo conseguido. Así que los chicos del 15M se vuelven para casa, que la lucha cansa y son muchos fines de semana jodidos. Son dignos hijos de nuestro tipo, consumidores de todo, también consumidores de rebeldía, consumidores de lucha, de debate, de asambleas, y de la adrenalina del que se ve protagonista de la historia. Y eso es lo que han hecho, consumir dosis de protagonismo y de rebeldía.
Nunca he visto a los ricos y poderosos, que son los mismos, dominar tan cómodamente, nunca vivieron tan tranquilos: poseen el monopolio de las ideas y la violencia como siempre pretendieron -y con frecuencia consiguieron-, pero con menos miedo que nunca. Cuando la dormidera del botellón, el Carrefour y el fútbol no sean suficientes, sabrán utilizar a la fuerte clase media para defender el sistema. Por eso, mientras perviva una potente clase media con acceso a importantes cotas de riqueza y con capacidad de consumo, el sistema se encontrará a salvo, mucho más si la oposición que tiene delante se estructura en movimientos como los del 15M. 
Un buen amigo, me rebatió estas ideas y me explicó que me gustara o no por aquí iba la cosa, esta es la dirección que toma la historia..Yo como historiador se que el mundo evoluciona, que las cosas envejecen, que las formas de lucha y organización caducan, eso es así . Lo que digo es que la evolución, imparable y natural, lleva una dirección de la que no participo y que reconozco: desorganización y desideologización, Sencillamente el mundo al que vamos, y vivirán mis hijas, no me gusta y no me gusta no por los que gobiernan, que esos son siempre los mismos y siempre actuan igual -son poco originales-, sino por los que se les oponen, que por lo visto dan muy poco de sí. Me apetece cerrar las puertas de mi casa y tratar de sobrevivir, sencillamente porque yo me lo puedo permitir. No estoy preparado para tanta tontería.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La gran mentira

Hay veces que de tanto repetir una mentira, ésta termina por convertirse, a los ojos de muchos de los que escuchan, en una verdad inapelable. Más si cabe, si cuentas con el aplificador de los medios, que difunden por el mundo la "mentira verdadera" entre los oídos ávidos de escucharla: "Una nación milenaria está en peligro, de su tierra quieren ser expulsados por pueblos incivilizados y fanáticos. Israel, estado democrático, lucha contra las dictaduras árabes y contra el fanatismo y el terrorismo palestino. Todo ello marcado por un contexto de inseguridad, producto del aislamiento producido por la hostilidad de su entorno. Y sin seguridad no puede haber paz. Es una política de defensiva, de pura supervivencia. Todo se hace en legítima defensa".
Situación actual de los territorios palestinos
Lo primero que debemos aclarar es que Israel no ha estado en los últimos años aislada de su entorno, ni tampoco ha sido un islote democrático en lucha contra corruptas dictaduras árabes y musulmanas. A Israel le ha interesado que su entorno estuviera sembrado de dictaduras: los regímenes autoritarios o pseudodemocráticos que eran afines a los Estados Unidos le procuraban tranquilidad, le daban seguridad y eran sus firmes aliados (tanto el Egipto de Mubarak, como la Jordania del rey Hussein o la Turquia militarista y laicista), y las dictaduras que por el contrario eran hostiles a Occidente (la Siria de Asad, la Libia de Gadafi) le permitían afirmar  mentiras, excusar su arbitrariedad, encubrir su expansionismo, resultaban una justificación perfecta para su violencia. Hasta ahora, y en el presente inmediato, mientras Occidente controle el mundo árabe con sus dictaduras o pseudodemocracias, Israel no tendrá nada que temer. El futuro es otra cosa y trae para Israel aires de incertidumbre. Si crecen las "primaveras árabes" los nuevos gobiernos tendrán que tener en cuenta la voluntad de sus pueblos, y eso juega en contra de Israel, porque el sentimiento de los musulmanees y árabes, al margen de sus valores o ideologias, es de absoluta injusticia cuando se trata del problema palestino. Cuando ha avanzado la democracia en Turquía, han surgido los problemas con Israel, tras la caída del tirano Mubarak en Egipto, han rebrotado las tensiones con el estado judío. Un estado egipcio medianamente sensible a la voluntad popular no puede consentir el bloqueo inhumano y vergonzante de Gaza (no he visto nada más parecido a los guettos judíos de las ciudades polacas durante la II Guerra Mundial), en el que participó tan activamente el fiel "lacayo" de Occidente Hosni Mubarak. Siria es enemigo acérrimo  de Israel, pero tal enemistad no va a disminuir con un posible triunfo de la democracia y la oposición. Lo único que tienen en común los sicarios de Asad, y las fuerzas de oposición es su rechazo al imperialismo judío Y es que parte del territorio de Siria está ocupado al margen de toda legislación internacional, por derecho de conquista los Altos del Golán son hoy israelíes. Por otra parte la llegada de la "primavera árabe" a Palestina y una hipotética democratización de la Autoridad Nacional Palestina supondría el ascenso mayor si cabe de Hamas, o la subida al poder en Al-Fata de hombres como Marbuti, y no de títeres indolentes y corruptos como Abbas, hasta ahora serviles a Occidente. No hay lugar a dudas, el avance de la democracia es un escollo para los intereses de Israel.
Por otro lado, decir que Israel es un ejemplo de democracia en el Oriente Medio es lo mismo que decir que la Sudáfrica del Apartheid lo era en el Africa negra. Si eres ciudadano de Israel tienes todos los derechos (incluso los árabes), pero si no lo eres, los perros valen más que tú. Los guetos se suceden en medio de una limpieza étnica generalizada cuya punta de lanza son los asentamientos. El estado de derecho no existe cuando hablamos de los palestinos.


La otra gran mentira es la de la inseguridad. Israel sostiene que no puede haber paz sin seguridad, pero obvia que no puede haber seguridad sin justicia. La sacrosanta seguridad de los siete millones de israelíes  parece ser lo único que está por encima de la libertad y los derechos humanos de los miles de millones de habitantes del planeta. Esa seguridad, la de los demás no, justifica la vulneración del derecho internacional, las leyes y los tratados existentes o el respecto a los derechos humanos: Se puede asesinar con actos de terrorismo de estado (lo llaman "asesinatos selectivos"), se puede torturar, hacer limpiezas étnicas, invadir países y ocupar territorios ilegalmente, obviar resoluciones de la ONU, actuar fuera de tus fronteras o aguas jurisdiccionales o fabricar armamento nuclear al margen de cualquier tratado o control internaicional, se puede construir un muro fronterizo en territorios que no son legalmente tuyos o someter a un millón de habitantes de Gaza a un bloqueo infrahumano al margen de cualquier legislación o derecho internacional.
Supongamos, a pesar de todo, que esos actos puedan ser justificables en aras de una hipotética seguridad, que no lo son, en todo caso lo que resulta obvio es que la política de asentamientos no puede relacionarse con la excusa de la seguridad. ¿Cómo se justifican entonces? En vez de provocar seguridad, crean inseguridad para los propios habitantes de los asentamientos y para el propio estado de Israel en general. Al adentrarse como tarantulas en territorio hostil, multiplican los problemas de seguridad al crear nuevas necesidades defensivas, al aumentar el gasto para proteger a los colonos y al generar un caldo de cultivo de odio entre los árabe (el caso de los 600 judíos asentados en el centro de la ciudad cisjordana de Hebrón es ya especialmente sangrante). Y es que la política de asentamientos delata al estado de Israel, evidencia que no es un estado con voluntad defensiva obstinado en la supervivencia, sino un estado expansionista y racista, basado en la voluntad inquebrantable del sionismo de crear un "Gran Israel".
La paz está cada vez más lejos, entre otras razones porque los judíos son cada vez más conservadores, hoy el laborismo casi se ha desvanecido, convertido en la cuarta fuerza política y partidos tradicionales de la izquierda como el Meretz no superan el 3% del voto. El poder se lo disputan el Kadima, el Likud o Israel Beitenu, todos partidos sionistas y derechistas, y priman las ornadas de emigrantes de última hora, procedentes de Argentina o el Rusia, dispuestos a todo para hacerse un hueco en el mundo a costa de quien sea. Esos partidos claman hoy contra la entrada de Palestina en la ONU y reaccionan de la única manera que saben, acelerando los asentamientos. Piden una invasión contra Irán, porque puede tener armas nucleares vulnerando los tratados internacionales, algo que ellos han hecho desde hace décadas. Pero "a todo cerdo le llega su San Martín". Juegan con fuego en su soberbia extrema y es seguro que terminarán quemándose. Son pocos y no se esfuerzan en hacer amigos, no cimentan el estado creado sobre la paz, sino en el derecho de conquista, en su supremacía militar. Pero todo ello solo es posible mientras Estados Unidos tenga la supremacía en el mundo y en el mundo árabe. Si el Islam se democratiza y el histórico control de sus oligarquias por Occidente se desvanece, y si como parece el poder económico del mundo se traslada hacia los países emergentes, y es posible que con el tiempo, también el político, entonces Israel tendrá sus días contados y se arrepentirá de no haber aprovechado cuando pudo las oportunidades para la paz. Recordemos que un hombre de paz como Isaac Rabin, no fue asesinado por los islamistas o los radicales palestinos, sino por los propios judíos.
Los judíos, las eternas víctimas, está claro que han aprendido mucho de sus verdugos: su arrogancia, su racismo con los "arabuchis", el recurso a la violencia son los cimientos del estado de Israel. Un día, el edificio construido sobre tales bases, se vendrá abajo, me gustaría entonces ver la cara de felicidad de los niños palestinos, entonces adultos o viejos, que hoy corren por los mugrosos campos de refugiados, o la alegría infinita de las madres de tantos mártires torturados o asesinados por defender sus derechos legítimos como personas.
El drama palestino es solo la historia de una brutal injusticia, una injusticia que no lo es menos porque se tiña de verdad y de seguridad, y que no lo es menos porque la cometan viejas víctimas. Es muy posible que éstas se hayan convertido con el tiempo en los más crueles verdugos. 

viernes, 4 de noviembre de 2011

Las víctimas no hacen la paz

La paz está más cerca en Euskadi. Solo más cerca, porque aún no hemos llegado al final del trayecto. Todo dependerá de la gestión que el gobierno haga de la paz y de  la existencia de una verdadera normalización de las relaciones sociales en el país vasco. La gente tiene que aprender a vivir en paz. No hay una guerra en el Norte, pero si hay un conflicto. El conflicto no es militar, pero es político y es social. Cualquiera que viva en Euskadi sabe de lo que estamos hablando. Una parte importante de la sociedad vasca, aunque no mayoritaria, vive instalada en un conflicto, y una parte de la sociedad, mayoritaria, cree que ese conflicto existe. La España democrática, al contrario de los postulados sostenidos por el mundo de la izquierda abertxale, no es un estado autoritario y terrorista que tiraniza a un pueblo despojado de todos sus derechos, pero tampoco el mundo abertxale es un conjunto monolítico, compuesto por cuatro "zumbaos" matando gente sin más. El nacionalismo vasco es mayoritario, el independentismo es significativo. Y para superar el enfrentamiento y acabar con la fractura social existente, no solo los nacionalistas tienen que renunciar a sus mitos -de sobra conocidos y aireados sistemáticamente por la prensa conservadora-, España y los españoles tienen que renunciar a los suyos. Ahí van algunos de ellos, convertidos hoy en obstáculos para la paz:
- La independencia es lo mismo que la autodeterminación. La independencia es una opción que puede resultar una imposición, pero la autodeterminación en modo alguno puede serlo, es un derecho democrático que se ejerce. Otra cosa es que esté fuera del marco legal
- Negar España es absurdo, pero negar Euskal Herria también implica un acto absurdo de fanatismo e ilusión españolista. Euskadi existe porque los vascos creen en ella, desde ese momento es una realidad cultural, social y es legítimo defender su futuro político.
- Euskal Herria como nación no es una realidad creada artificialmente, en contraste con otras realidades nacionales al parecer naturales, como España, "con verdadera base social e histórica". Ser español sería pues un sentimiento coherente y legítimo generado desde abajo de forma natural, ser vasco sería una creación desde arriba configurada artificialmente por un nacionalismo vasco obcecado en inventar fronteras inexistentes. Quien expone esto no tiene ni idea de Historia.  Todos los nacionalismos inventan y crean y todos son construcción humanas y artificiales.
- Otro mito del "españolismo" es que Navarra no es Euskadi. Que los vascos no tienen derecho a incluir Navarra en su territorio. Recorramos el noroeste montañoso de Navarra y se nos quitarán viejos perjuicios: negar que Altsasu o Leitza son vascas es como decir que Torrenjón de Ardoz es portuguesa.
- Otro mito del antinacionalismo es que el euskera no se habla, y si se habla es porque los nacionalistas lo imponen en el sistema educativo y administrativo, "hace tiempo que el vasco murió como lengua materna" deja caer más de uno. Entonces vuelve a hablar la ignorancia. A mí me lo han dicho compañeros de instituto, ¡profesores de lengua castellana! En ese caso deberíamos viajar a determinadas zonas montañosas o a la hermosa costa vasca. Démonos un paseo por el puerto o las calles de Ondarroa y nuestros perjuicios se vendrán abajo. 
- Algunos van más allá y afirman que el euskera actual, "que ni siquiera se habla", es un idioma además inventado. También me lo han referido profesores de Lengua. Como si el castellano de Nebrija se hablara en muchos lugares en el siglo XVI. ¿Por qué la normalización artificiosa y homogenizante que han sufrido todos los grandes idiomas se le niega al euskera? Aunque el euskera sea un idioma con fuertes diferencias dialectales, no tiene menos derecho a una digna normalización que le haga adaptarse al mundo moderno que vivimos.
Una vez superados los mitos existentes por ambas partes, vendría el gran problema, el nudo gordiano en la gestión de la paz: los presos y las víctimas. O mejor, ¿qué hacer con los presos? ¿qué papel deben y pueden tener las víctimas?
Respecto a los presos, la complejidad es manifiesta. La amnistía general no es factible y estaría fuera del marco constitucional, pero el acercamiento de presos es otra cuestión, así como la vuelta de los  beneficios penitenciarios negados  anteriormente. Disuelta la banda, esos beneficios deberían llegar. Si hay arrepentimiento y deseos de reinserción, hay que saber ser generoso. La mayoría de los vascos no aceptarían la vuelta a las armas, pero tampoco entenderían que el estado español no diera los paso necesarios para la definitiva resolución del conflicto.



En cuanto a las víctimas, habría que definir bien tal concepto. ¿Se incluirían las de la guerra sucia de los GAL, o las que ya en democracia sufrieron el terrorismo de los grupos de ultraderecha en los años 70 y 80? Si es así el problema adquiere mayor complejidad. Por otra parte entre las víctimas de ETA hay muy diferentes sensibilidades, aunque algunos traten de convertirlas en un colectivo homogéneo.
Una vez definidas las víctimas, habría que establecer su papel en el proceso de paz. Y las víctimas no tienen papel. Se les debe reconocimiento y no olvido. Pero ese es su final. Al menos tendrán lo que no tuvieron las víctimas del franquismo, olividadas y ninguneadas en el proceso de transición democrática. Muchos se refieren al movimiento de recuperación de la memoria histórica, que busca reconocimiento a las víctimas del franquismo, más que justicia, como un acto absurdo de remover el pasado, y esos mismos después se niegan a asumir que desde el momento del cese definitivo de las armas, el terrorismo también es pasado y que no se debe remover. Porque el presente después de la declaración de ETA es de paz, de ausencia de violencia, y el futuro debe ser paz. La violencia y sus víctimas ya son parte del pasado, de un pasado muy doloroso.
El código criminal no se elabora en caliente y no lo hacen los padres de las niñas violadas. Por la misma razón la paz se hace en frío y no la hacen las víctimas. Quien define a ETA como una simple banda de delincuentes, no quiere entender que las bandas del narcotráfico, los ladrones o los violadores no tienen detrás bases sociales que los sustentan, ni asociaciones, ni partidos, ni sindicatos, ni votos, ni comarcas ni pueblos enteros que los jalean. Por eso el proceso no es equiparable. Esto no es una "guerra de liberación" como desde los sectores de la izquierda abertxale se ha defendido siempre, pero tampoco es una banda de delincuentes terroristas sin más. Esto es una parte importante de un pueblo en conflicto con las leyes vigentes, el marco jurífico y las fronteras existentes, y la expresión más visceral y violenta de dicho conflicto es la lucha armada de ETA. Cuando comprendamos eso, entenderemos que el estado español debe mover ficha y las víctimas no pueden mediatizar las decisiones al respecto. El legítimo dolor de las víctimas no puede convertirse en el gran obstáculo para la convivencia y servir para arrebatarnos la posiblidad de vivir definitivamente en paz.